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El Mercosur, México y el Caribe frente al Área de Libre Comercio de las Américas
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El Mercosur, México y el Caribe frente al Área de Libre Comercio de las Américas

José Briceño Ruiz

Centro Institut d'Études Politiques, Francia <bricenoruiz@yahoo.fr>.

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a propuesta de Estados Unidos para establecer el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ha abierto un importante debate en América Latina y el Caribe sobre la conveniencia de participar en un modelo de integración tan marcadamente asimétrico. Desde el anuncio de la Iniciativa para las Américas (IPA) en 1991, la Cumbre de Miami en 1994 y la Cumbre de Santiago en 1998, la integración hemisférica se ha convertido en un tema central de la política económica internacional de América Latina y el Caribe. Sin embargo, las reacciones a la propuesta estadounidense de integración han sido variadas en las subregiones de aquella parte del continente. En este artículo se analizan las razones políticas y económicas que explican esa diversidad de posiciones. Partiendo de la pluralidad de incentivos para negociar y la intensidad de los nexos entre Estados Unidos y las subregiones de América Latina y el Caribe se argumenta que estas últimas se encuentran divididas frente al ALCA. Las economías de la Cuenca del Caribe y México mantienen posiciones negociadoras cercanas a Estados Unidos, mientras que el Mercado Común del Sur (Mercosur) intenta desarrollar una estrategia de integración más independiente de Washington.

Los costos y beneficios del ALCA para América Latina y el Caribe

Los que apoyan al ALCA consideran que podría atraerle a la región una serie de beneficios al permitirle ingresar de forma preferencial al mercado norteamericano, uno de los más grandes del mundo y de importancia significativa para varios países latinoamericanos y caribeños. Se alega que el ALCA evitaría que en el futuro el gobierno de Estados Unidos estableciese medidas proteccionistas unilaterales en contra de los países latinoamericanos y crearía un entorno atractivo para la inversión extranjera, el ingreso de crédito externo y la repatriación de capitales.1

El problema es que la magnitud de estas ventajas no es igual para la región en su conjunto. Los incentivos para apoyar el ALCA no son uniformes entre los países latinoamericanos. Esto lo ha explicado Bouzas, quien señala que los costos y beneficios de la integración con Estados Unidos pueden evaluarse tomando en cuenta tres elementos: a] la estructura de incentivos positivos para la integración; b] los incentivos negativos o defensivos, y c] la incertidumbre acerca de los costos del "boleto de entrada" en el caso de futuras adhesiones al acuerdo.2 Con base en estos factores es posible argumentar que las respuestas de los países de América Latina y el Caribe frente al ALCA no serán uniformes. El volumen de concentración de comercio con Estados Unidos y el grado de protección de las economías serán dos factores vitales que los países considerarán al participar en la negociación del ALCA. En consecuencia, los países con una alta proporción de exportaciones hacia Estados Unidos estarán más interesados en participar en el ALCA porque tendrían elevadas ganancias, los costos por desviación de comercio serían mínimos, al igual que los riesgos de represalias. La decisión de ingresar al ALCA también dependerá del grado de protección local, lo que en conjunto determinará los costos de ajuste y desviación de comercio de los terceros oferentes. Esto supone que los países que tienen una protección interna más o menos elevada estarán más reacios a participar en el ALCA, aunque esto puede variar si sus bienes están sometidos a aranceles elevados en el mercado de Estados Unidos.3

La integración hemisférica no generará beneficios similares para todos los países de América Latina. En consecuencia, el interés en negociar y los límites de las concesiones que se puedan otorgar también varían. El mapa que los diferentes incentivos permiten calcar muestra a una América Latina dividida frente al ALCA. Los países de la Cuenca del Caribe (Centroamérica, el Caribe insular, Colombia y Venezuela) tienen tanto incentivos positivos cuanto negativos de importancia para ingresar al Área. El resto de Sudamérica, en cambio, tiene incentivos negativos importantes y preocupaciones sobre el costo del boleto de entrada, pero no elevados incentivos positivos para ingresar. Esto es particularmente válido para los países del Mercosur.4

En materia comercial, por ejemplo, hay enormes diferencias entre los países de América Latina y el Caribe en cuanto a su dependencia del mercado estadounidense. En este sentido, Bulmer-Thomas5 considera que los países de la región se pueden dividir en tres categorías: los de gran dependencia del mercado estadounidense, pues envían más de 50% de sus exportaciones a éste; los de dependencia moderada que envían entre 25 y 50 por ciento y los de escasa dependencia, para los cuales Estados Unidos representa menos de 25% de sus exportaciones. En el primer grupo estarían México, Haití y Honduras. En el segundo, Costa Rica, Venezuela, Colombia y la mayoría de los miembros del Mercado Común Centroamericano (MCCA) y la Comunidad del Caribe (Caricom). El tercer grupo incluye a los países del Mercosur, Chile, Perú, Panamá y algunas naciones caribeñas. El análisis de Bulmer-Thomas confirma la existencia de varios incentivos para negociar.

La variedad de los incentivos para participar y los beneficios y costos del ALCA puede fragmentar la integración latinoamericana y caribeña debido a las diferentes posiciones de apoyo y rechazo al modelo de integración hemisférica propuesto por Estados Unidos. La consecuencia de esto es la profundización de los actuales modelos subregionales y el abandono aún mayor de la vieja propuesta de crear un mercado común latinoamericano que incluya a todos los países de la región.

La dimensión política del ALCA:
la diversidad de posiciones negociadoras

El análisis de la posición negociadora frente al ALCA del Mercosur, México y los países de la Cuenca del Caribe evidencia las diversas posiciones y el riesgo de que la región se separe en un grupo de países que, por su dependencia del mercado estadounidense, apoya casi de manera incondicional las propuestas de Estados Unidos, y otro grupo que trata de mantener, en la medida en que una negociación tan asimétrica lo permita, posiciones más críticas al modelo de integración hemisférica propuesto por Washington.

El regionalismo estratégico del Mercosur

El Mercosur representa un enfoque regionalista con aspiraciones estratégicas y metas más ambiciosas que superan el simple libre comercio y una diversificación de las relaciones comerciales internacionales con un enfoque más globalista. Por ello, los países del Mercosur han constituido una unión aduanera imperfecta y tienen la meta de convertirse en un mercado común. Por otra parte, sus integrantes han intentado impulsar una estrategia de diversificación de sus relaciones comerciales más allá de la región, cuyo mejor ejemplo fue la firma en 1995 de un acuerdo sobre comercio e inversiones con la Unión Europea y el inicio de las negociaciones para establecer una zona de libre comercio con ésta. En este entorno, la adhesión al TLCAN o el ingreso al ALCA podría afectar gravemente la estrategia de integración del Mercosur. Para autores como De Noronho Goyos, la adhesión de ese bloque al TLCAN o al ALCA sería un desastre económico y social, particularmente "si se mantienen las condiciones draconianas aplicadas a México".6 Ciertamente, ésta puede ser una opinión extrema, pero no deja de tener sus defensores. En el Mercosur diversos sectores, tanto empresariales como políticos, rechazan que en el ALCA se repita la experiencia de integración del TLCAN en aspectos como la propiedad intelectual, claramente más amplia que la acordada en la Organización Mundial de Comercio (OMC), la apertura indiscriminada del sector de servicios y las compras gubernamentales, las normas sobre inversiones y cualquier regulación que exceda lo acordado en la OMC. Aceptar un modelo de este tipo implicaría adquirir compromisos que trascienden las actuales metas del Mercosur, lo que en términos prácticos significaría la sumisión de este último al proceso hemisférico.

En Brasil los actores económicos nacionales no están muy entusiasmados con el ALCA. Tanto los empresarios cuanto la dirigencia política de esa nación consideran que las ganancias que se podrían obtener no son excesivas y los costos podrían ser importantes en ciertos sectores. Como señala Chudnovsky, la integración con Estados Unidos implica altos riesgos para la industria brasileña en el comercio de maquinarias eléctricas y no eléctricas, bienes de consumo electrónico, equipos de transporte, productos químicos e informáticos.7 Para la industria brasileña los costos del ajuste a un acuerdo comercial con Estados Unidos podrían ser mayores que los pequeños beneficios que eventualmente se obtendrían en términos del acceso a ese mercado.8

De igual manera, el sector agrícola se vería afectado, tanto en Argentina como en Brasil, pues tendría que competir con producciones que se han desarrollado gracias a los enormes subsidios del gobierno estadounidense. Rubros como jugo de naranja, textiles y azúcar se verían seriamente afectados.9 El sector de servicios brasileño podría verse desplazado por el ALCA. De acuerdo con De Noronho Goyos, el flujo de servicios en un sistema de ejes y radios sería desfavorable para estos últimos porque limitaría la relación entre ellos y sería un enorme incentivo para que los capitales se trasladen al eje.10De igual manera las compañías de otras partes del mundo serían atraídas para establecerse en el eje y no en los radios, incluso para negociar con estos últimos. El eje se convertiría en el centro financiero de los radios. En otras palabras, se establecería una mayor dependencia en materia de servicios de los radios respecto al eje.

En Argentina, en cambio, la propuesta de integración hemisférica fue recibida con gran entusiasmo. Cuando se anunció la Iniciativa para las Américas (IPA) el presidente Carlos Menen la describió como "un paso trascendental en el aumento de la prioridad de América Latina en la política exterior de Estados Unidos".11 El apoyo a la IPA fue parte de una política de acercamiento del gobierno de Menen a Estados Unidos, promoviendo lo que el canciller Guido di Tella describió como una "relación carnal con Washington". Menen incluso manifestó el interés argentino de ingresar de forma unilateral al TLCAN, aun al margen de los compromisos contraídos en el marco del Mercosur. Por ello, durante el período 1992-1994 fueron evidentes las diferencias entre Brasil y Argentina, que generaron dudas sobre el verdadero compromiso político que existía con el Mercosur.12

Posteriormente, sin embargo, Argentina moderó su entusiasmo con la propuesta de integración hemisférica al darle prioridad al Mercosur, aunque sin dejar de expresar el deseo de que el proceso de integración en marcha en el Cono Sur se uniera con el de América del Norte.13 Sin embargo, en un seminario sobre multilateralismo y Mercosur que la Unión Cívica Radical uno de los miembros de la nueva coalición gubernamental argentina organizó en 1998 se presentó un informe que señalaba que el ALCA podía ser una amenaza para el proceso de integración en el Cono Sur, pues al otorgar arancel cero a Estados Unidos el Mercosur de hecho desaparecería.14

Los costos del ALCA parecen ser demasiado elevados por el solo ingreso al mercado de Estados Unidos, que no es el más importante del Mercosur. Además, temas como la transferencia de tecnología y la deuda externa son importantes para este último bloque y no forman parte de la agenda de integración hemisférica. El Mercado tiene incentivos positivos para participar en el ALCA, como la garantía de un ingreso seguro al mercado de Estados Unidos, la posible expansión del comercio intraindustrial y la atracción de nuevas inversiones. Las ganancias derivadas del libre comercio, en cambio, son limitadas, pues tan sólo Brasil podría ver incrementado su intercambio comercial con Estados Unidos en hasta 8%.15 Sin embargo, los incentivos negativos son más importantes y se refieren a los costos de exclusión derivados de no participar en el ALCA. Mantenerse al margen supondría la pérdida relativa de competitividad de los productos del Mercosur en los mercados del TLCAN y la ALADI y la desviación de inversiones.16

En cuanto a los costos de participar, uno de ellos podrían ser las represalias por una eventual desviación de comercio.17 Como los países del Mercosur, excepto Paraguay, son global traders, el ingreso en el ALCA podría ocasionar que algunos socios extrarregionales comenzasen a restringir el ingreso de bienes del Mercosur a su mercado. Esto ciertamente puede perder relevancia si aquél promueve negociaciones comerciales con socios extrarregionales, como lo está haciendo con la Unión Europea. También hay costos provenientes de la liberalización comercial y de la inclusión de nuevos temas, como el ambiente y el trabajo, además de restricciones en el manejo de las políticas macroeconómicas.18

En consecuencia, el Mercosur no está dispuesto a pagar cualquier costo para ingresar al ALCA. Como señalan Hinojosa-Ojeda, Lewis y Robinson, la decisión de participar o no en las iniciativas de integración hemisférica reflejan un complejo cálculo de los países para maximizar los beneficios económicos y minimizar los riesgos políticos asociados con la integración.19 En el Mercosur se considera que los beneficios de ingresar al ALCA no son tan elevados como para sacrificar la existencia del proceso subregional. La posición del gobierno de Brasil, el líder del Mercosur, es que la estructura del ALCA debe reposar sobre los bloques de comercio existentes, sin tratar de sucederlos. Por ello la estrategia de aquél es consolidarse primero como esquema de integración para incrementar su poder de negociación frente a Estados Unidos y el TLCAN. Como expresó el entonces subsecretario general de Integración y de Comercio Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, José Botafogo Gonçalves, "El Mercosur no se va a diluir en el hemisferio ni es una mera etapa de transición".20

Además, hay diferencias sobre qué temas deben incluirse en la agenda negociadora; esto es lo que Wolf describe como el problema floor versus ceiling.21 Es probable que el ceiling, es decir, las concesiones máximas, se convierta en floor o punto de partida de las negociaciones hemisféricas.22 Ésta es la posición de Estados Unidos que desea que, por ejemplo, las normas laborales y ambientales del TLCAN, consideradas como ceiling por varios países latinoamericanos, se conviertan en el floor del proceso negociador del ALCA. En términos prácticos esto se refiere a si las negociaciones del ALCA deben tener como punto de partida lo acordado en el TLCAN, que en muchas áreas supera los compromisos que en el ámbito multilateral se han acordado en la OMC. Las negociaciones realizadas hasta ahora evidencian una manifiesta diferencia entre Estados Unidos y el Mercosur en esta materia, en particular en ambiente y estándares laborales, temas que Brasil no desea que formen parte del proceso negociador.

 

Las diferencias de criterio entre Estados Unidos y el Mercosur se manifestaron con toda crudeza durante la llamada fase brasileña de negociación del ALCA. Desde la realización de la Cumbre de Miami hasta la reunión ministerial de Cartagena (1997), se habían planteado cuatro alternativas de negociación: a] convergencia de los acuerdos bilaterales o subregionales existentes; b] ampliación de un(os) acuerdo(s) a todo el hemisferio; c] poner en marcha un nuevo acuerdo hemisférico de libre comercio, manteniendo los acuerdos existentes, y d] adoptar una estrategia de two o more tracks, en la que haya países núcleos que asuman todos los compromisos del ALCA y países periféricos que lo hagan de forma gradual.23 A partir de la reunión de Florianópolis, Brasil, celebrada en septiembre de 1996, se comenzaron a discutir las diversas hipótesis de cómo llevar a cabo el proceso negociador y allí comenzaron a surgir las diferencias entre Estados Unidos y el Mercosur.

El bloque del Cono Sur proponía que la negociación se debía realizar en tres etapas en las que se abordarían temas específicos. En la primera, la facilitación del comercio, como, por ejemplo, los procedimientos aduaneros y las medidas sanitarias. En la segunda se tocarían temas distintos, pero sin entrar en negociaciones sobre acceso a mercados, que se dejarían para la tercera etapa. Esta propuesta se contradecía con la que Estados Unidos presentó posteriormente, en la que recomienda la negociación simultánea de todos los temas. Esta posición fue la que finalmente se impuso en la reunión de Playa Conchal, Costa Rica, celebrada en octubre de 1997.

Sin embargo, se mantuvieron otras diferencias que surgieron en la reunión ministerial de Recife (febrero de 1997). La primera se refería al alcance del acuerdo, pues mientras Estados Unidos planteaba el establecimiento de normas superiores a las de la OMC, el Mercosur rechazaba ese tipo de compromiso. El gobierno estadounidense solicitaba la inclusión de temas laborales y ambientales, lo que era rechazado por el bloque sudamericano, a menos que se comprobara su vinculación al comercio y la maduración de su tratamiento en el plano multilateral.24

 

La estrategia de ejes y radios de México

En este escenario de integración hemisférica México es un caso particular. Su objetivo principal es fortalecer sus relaciones con sus socios del TLCAN, aunque a la vez pretenda ampliar sus vínculos comerciales con los países de América Latina y el Caribe. Tras el anuncio de las propuestas de integración hemisférica por Estados Unidos, el gobierno mexicano pareció un poco desconcertado. La primera reacción fue bastante cautelosa en cuanto a la conveniencia de ampliar el TLCAN al resto del hemisferio. En 1994 esto lo manifestó claramente Jaime Serra Puche, entonces titular de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial; señaló que México tenía una preocupación legítima y racional respecto a que países con distintos grados de desarrollo ingresaran al TLCAN.25 Esta primera posición mexicana expresaba el temor de perder el recién ganado ingreso privilegiado al mercado estadounidense. Si los demás países de América Latina y el Caribe suscribían el ALCA, la exclusividad que el TLCAN daba a México desaparecería y éste debía competir con otros países con los que no tenía ninguna complementariedad económica.26

La posición inicial fue pronto modificada al hacerse evidente que Estados Unidos estaba decidido a promover la integración hemisférica. El gobierno mexicano optó entonces por la política de participar en el proceso negociador y defender sus intereses. En este sentido, Vega Cánovas acierta cuando señala que la integración hemisférica colocó a México en una posición similar a la de Canadá en las negociaciones del TLCAN, es decir, México se vio obligado a participar para defender lo ganado en ese Tratado.27 En consecuencia, México ha debido aceptar un papel subordinado y secundario en las negociaciones del ALCA. Aunque formalmente el TLCAN no negocia como grupo, el gobierno mexicano sostiene posiciones que son cercanas a las estadounidenses, como resultado de su creciente interdependencia económica con el mercado de su vecino norteño. Pero en realidad el bajo perfil mexicano en las negociaciones del ALCA obedece a que su presencia se limita a cuidar que sus intereses en el mercado de Estados Unidos no se vean demasiado afectados por las concesiones que se puedan otorgar a los demás países de América Latina y el Caribe.

Este bajo perfil en las negociaciones del ALCA ha estado acompañado por un amplio activismo en la promoción de acuerdos comerciales con los países de América Latina y el Caribe. En este sentido se ha producido un cambio en la estrategia de alejamiento de América Latina que parecía orientar la política mexicana a inicios de los años noventa. Como señaló Rosario Green, "desde la perspectiva mexicana, el acuerdo trilateral de libre comercio de América del Norte no implica incompatibilidad con otras prioridades e intereses que México comparte con los Estados de América Latina y el Caribe".28 De acuerdo con Pfeifer, México se está preparando para adecuarse al ALCA mediante la firma de una serie de acuerdos bilaterales que le proporcionen un acceso privilegiado a los mercados latinoa-mericanos.29 Esto se realizaría de forma paralela a la profundización del TLCAN y la integración a la economía mundial. En otras palabras, México estaría desarrollando una estrategia de niveles múltiples cuyo núcleo central sería, sin duda, el TLCAN, aunque sin abandonar sus intereses en América Latina y el resto del mundo. En el caso específico de sus relaciones con los países latinoamericanos y caribeños, México habría adoptado una estrategia de "ejes y radios" mediante la suscripción de acuerdos bilaterales de libre comercio con todos los países de la región.

En este sentido, México suscribió el Tratado de Libre Comercio del Grupo de los Tres (TLCG3) con Colombia y Venezuela. De igual manera, en 1991 inició las negociaciones para establecer una zona de libre comercio con los países de América Central. Ese acercamiento se basó al principio en el mecanismo 5 más 1, es decir, todas las naciones del istmo y México. Sin embargo, las conversaciones perdieron pronto este carácter multilateral y se adoptó uno bilateral. Como resultado México suscribió un acuerdo con Costa Rica en 1994, con Nicaragua en 1997 y en la actualidad negocia con los países del llamado Triángulo del Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). De igual manera, México ingresó a la Asociación de Estados del Caribe (AEC), entidad de cooperación e integración regional que incluye a todos los países de la Cuenca del Caribe.

México también ha iniciado negociaciones comerciales con los países del Mercosur. Sin embargo, este proceso confirma las diferencias de enfoque entre el norte y el sur del hemisferio respecto a la integración, además de que evidencia el apego mexicano al modelo de integración propuesto por Estados Unidos. México ha planteado a los países del Mercosur un acuerdo comercial que incluya temas como las inversiones, la regulación de la propiedad intelectual y las compras gubernamentales. Según el enfoque del gobierno mexicano, estas áreas deberían regularse como sucede con el TLCG3 y los acuerdos con Costa Rica y Nicaragua según las disciplinas acordadas en el TLCAN.30 Sin embargo, en el Mercosur el enfoque es algo distinto. Por ejemplo, este bloque comercial rechaza cualquier apertura indiscriminada de las telecomunicaciones, los servicios financieros y las compras gubernamentales, tal como se establece en el Protocolo de Colonia. Además, Brasil y México tienen diferencias en cuanto al régimen de liberalización comercial. Este último país ha propuesto un acuerdo amplio que incluya un gran universo de productos, muchos de los cuales no formaban parte de los acuerdos de alcance parcial suscritos en el marco de la ALADI. Brasil, en cambio, se opone a la inclusión del sector automovilístico, equipos de telecomunicaciones, informática y electrodomésticos.31

Estas diferencias de enfoque explican el poco avance relativo de las negociaciones entre México y el Mercosur. También demuestran el compromiso de la nación azteca con el modelo de integración "tipo TLCAN", basado en la apertura radical y la flexibilización de las disciplinas relacionadas con el comercio, como la propiedad intelectual o las compras gubernamentales. De igual manera evidencia que los países del Mercosur mantienen su enfoque menos aperturista y su intención de fortalecer a América del Sur como región antes de sumarse a una integración hemisférica más profunda.

El ALCA y el regionalismo reactivo en la Cuenca del Caribe

Los países de la Cuenca del Caribe se enfrentan a un escenario bastante distinto al del Mercosur y México. A similitud de este último, las naciones de la Cuenca del Caribe son altamente dependientes de Estados Unidos en cuanto al comercio y las inversiones. Sin embargo, el Caribe no tiene la importancia estratégica de México, situación que se ha acentuado con la conclusión de la guerra fría. Durante los años setenta y ochenta la Cuenca del Caribe fue objeto de especial atención en la política exterior de Estados Unidos debido al activismo del gobierno de Cuba en la zona y a la existencia de gobiernos socialistas en Jamaica, Guyana, Granada y Nicaragua. Esta situación geopolítica de la Cuenca obligó a Washington a establecer políticas de cooperación económica como parte de la estrategia de contención del comunismo en la zona. Parte de ésta fue la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (CBI por sus siglas en inglés), programa de cooperación comercial y de inversiones establecido por el régimen de Reagan en 1983. Mediante la CBI el gobierno estadounidense otorga preferencias arancelarias a los países que reúnan unas condiciones que él mismo establece, muchas de las cuales tienen un marcado contenido político. A lo largo de la década de los ochenta la CBI produjo una transformación de varios países de la región, como por ejemplo Jamaica y la República Dominicana, que se han convertido en receptoras de inversiones masivas de Estados Unidos, en especial para establecer industrias maquiladoras. Como consecuencia de la CBI las economías de la región se hicieron cada vez más dependientes de las inversiones estadounidenses y del mercado como destino de sus exportaciones.

Sin embargo, la suscripción del TLCAN ha tenido efectos negativos en las preferencias comerciales de la CBI. La mayor cercanía al mercado estadounidense, junto con la liberalización arancelaria y de las inversiones incluida en el TLCAN, hacen que México sea un mercado más atractivo que el caribeño. El Tratado ha provocado una desviación importante de comercio e inversiones hacia este país. Así pues, los países de la Cuenca del Caribe se enfrentan a un escenario de gran dependencia económica frente a Estados Unidos, situación que se profundizó en la década de los años ochenta, pero a la vez padecen el deterioro de su ingreso preferencial a aquel mercado, el cual es cada vez "menos preferencial" debido al TLCAN y a los acuerdos suscritos por Estados Unidos en el marco de la OMC.32

Esta dualidad, dependencia comercial y pérdida de importancia estratégica, ha moldeado en gran medida la respuesta caribeña frente al ALCA. La primera reacción fue promover iniciativas para restablecer de alguna manera las preferencias perdidas luego del TLCAN. La segunda fue alentar un regionalismo reactivo, es decir, una simple respuesta frente al proceso de integración que se desarrolla en América del Norte. Este regionalismo reactivo tiene una dimensión subregional y otra multilateral. En el primer caso consiste en la profundización de los organismos subregionales de integración creados en los años sesenta y setenta, como el MCCA y la Caricom, iniciativas a las que se reimpulsó o más bien simplemente se les adaptó a la ideología neoliberal dominante en la región. En consecuencia, se formularon políticas como la liberalización total del comercio y las inversiones y se regularon las disposiciones sobre propiedad intelectual o compras gubernamentales. La idea central que orienta esta revisión neoliberal de la integración caribeña es que la flexibilización de las normas sobre el comercio, las inversiones y los temas relacionados con éstos darían una mayor competitividad a las naciones caribeñas y les permitiría recuperar al menos algo del espacio perdido desde la firma del TLCAN.

La segunda faceta del regionalismo reactivo consistió en promover una mayor cooperación entre los países de la Cuenca del Caribe. En este sentido, se ha producido un acercamiento político y comercial entre los diversos actores de la zona (los países centroamericanos, el Caribe anglófono, Cuba, la República Dominicana, Colombia, México y Venezuela). Aunque este nuevo regionalismo tiene una dimensión política, es mayormente económico, en el sentido de que se ha desarrollado mediante la firma de un importante número de acuerdos sobre comercio e inversión.33 La creación de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) es parte de este esfuerzo para promover un nuevo regionalismo que incluya a todos los países de la zona en un marco común de cooperación e integración. Para autores como Serbin, aunque la AEC tiene objetivos muy amplios, su surgimiento obedece en gran medida al interés de los países de la Cuenca por crear un ámbito institucional común desde el cual negociar con Estados Unidos ya fuese la adhesión al TLCAN o el ingreso al ALCA.34

Estas respuestas de los países caribeños al nuevo escenario hemisférico han tenido efectos bastante limitados. Las iniciativas dirigidas a lograr una paridad entre la CBI y el TLCAN han fracasado. Por otra parte, la región no ha podido recuperar el espacio perdido frente a México en materia de comercio e inversiones, a pesar de la profundización neoliberal de la integración caribeña. Finalmente, el proyecto para ampliar la cooperación y la integración ha tenido dificultades en su puesta en marcha. La AEC no ha satisfecho las expectativas que había creado y salvo algunos acuerdos en materia de transporte y de turismo no ha sido capaz de promover programas concretos de integración económica. De hecho el proyecto más ambicioso que se haya discutido hasta ahora es el establecimiento de una preferencia arancelaria caribeña. Además, el proyecto de convertir a la AEC en un interlocutor en las negociaciones de libre comercio con Estados Unidos se ha visto frustrado debido a que este país se niega a dar su reconocimiento a la AEC porque Cuba participa en ella.

Ante este escenario de dependencia comercial, decreciente importancia estratégica y regionalismo reactivo poco eficaz, es difícil creer que los países de la Cuenca puedan apoyar posiciones en materia de integración que se alejen de las de su principal socio, es decir, Estados Unidos. Apoyar a este país en las negociaciones del ALCA supone mantener el acceso a su mercado y evitar una mayor marginalización del proceso que está en marcha en el hemisferio. En otras palabras, a diferencia del Mercosur los países de la Cuenca del Caribe tienen un margen de acción más limitado para promover políticas de integración relativamente autónomas frente a Estados Unidos.

 

 

¿Es posible una mayor cooperación entre la Cuenca del Caribe y América del Sur en materia de integración hemisférica? Éste sería un escenario ciertamente interesante. No obstante, las asimetrías económicas son enormes, los vínculos comerciales entre estas dos subregiones son mínimos, hay problemas de transporte y, a pesar de las acciones gubernamentales, los actores del sector productivo de la Cuenca del Caribe parecen estar poco interesados en una integración de ese tipo.

 Conclusión

Los costos y beneficios de la integración con Estados Uni-dos varían dependiendo del país, región u organismo de in-tegración de que se trate. La Cuenca del Caribe tiene una alta dependencia del comercio y las inversiones y, por tanto, pagaría un alto costo si se autoexcluyera de la integración hemisférica. Para los países de América Central y el Caribe ha implicado el tener que brindar su apoyo al modelo de integración propuesto por Washington, mientras luchan por recuperar su posición en el mercado estadounidense, seriamente afectada desde la vigencia del TLCAN. Para los países del Mercosur el escenario varía. Su relativa menor interdependencia económica de Estados Unidos y la existencia de un proyecto brasileño para crear un espacio económico fuerte en América del Sur hace que el ALCA se observe con escepticismo. Esta resistencia es mayor en los actores que podrían verse seriamente afectados por el libre comercio hemisférico. México, en cambio, ha girado de una posición inicial de rechazo al proyecto hemisférico a una de apoyo reticente, manteniendo posiciones cercanas a Estados Unidos y creando un sistema de ejes y radios con los países latinoamericanos.

Este complejo escenario demuestra que las descripciones de una América Latina pasivamente sometida a las iniciativas de integración de Estados Unidos pueden ser simplistas. Ciertamente el Mercosur no puede ser descrito en su esencia como un proyecto antineoliberal, pero tiene elementos cercanos a lo que la CEPAL ha descrito como regionalismo abierto. Este modelo es el apoyado por las élites económicas del Mercosur, en especial el sector industrial brasileño, que no pueden aceptar de forma pasiva una apertura indiscriminada que los conduzca a la ruina, como ha ocurrido en otros países de América Latina, como Argentina. Este factor del nacionalismo económico, más que la búsqueda de un modelo verdaderamente alternativo al neoliberalismo, es el que explica por qué el Mercosur se ha vuelto tan crítico de las propuestas de Washington. La pregunta es: ¿hasta cuándo podrá resistir el Mercosur? Estados Unidos es ahora más que nunca el poder hegemónico del hemisferio. En consecuencia, parece iluso creer que Brasil y el Mercosur puedan detener al ALCA. Si los países del Cono Sur se autoexcluyen tendrán que pagar su costo y si aceptan participar deberán hacer muchas concesiones a Estados Unidos. ¿Qué podrían obtener de este último a cambio? En Washington se reconoce que un ALCA sin el Mercosur sería una entelequia, pero resulta difícil creer que van a modificar los criterios generales de su modelo de integración para lograr la participación de los países del Cono Sur. Además, circunstancias como la crisis económica de Brasil y el conflicto que creó en el Mercosur en 1999, las dificultades en las negociaciones con los países de la Comunidad Andina para establecer el ALCSA y los escollos en la negociaciones de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, han afectado el poder negociador del Mercosur en las discusiones del ALCA. Ejemplo de esto es que en la Cumbre de Santiago se decidió que lo acordado en las negociaciones del ALCA tendrá un rango superior a las disposiciones subregionales, lo que indica que la capacidad de resistencia puede estar debilitándose.

 Notas

1. Patricio Meller, "América Latina en un eventual mundo de bloques económicos", en Andrea Butelman y Patricio Meller (compiladores), La estrategia comercial chilena para la década del noventa, Cieplan, Santiago, 1992, p. 63.Regresar a la nota 1

2. Roberto Bouzas, "El regionalismo en el Hemisferio Occidental: el NAFTA, el Mercosur y después", Desarrollo Económico, vol. 36, verano de 1996, pp. 87-108.Regresar a la nota 2

3. Winston Fritsch, "Integración económica: ¿conviene la discriminación comercial?", en Roberto Bouzas y Nora Lustig (editores), Liberalización comercial e integración comercial. De NAFTA al Mercosur, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1992, p. 4.Regresar a la nota 3

4. José Briceño Ruiz, "Implicaciones del ALCA para la convergencia entre el Mercosur y los esquemas de integración en la Cuenca del Caribe", en Mabel Laredo Iris, Estado, mercado y sociedad en el Mercosur, Universidad Nacional de Rosario, Programa de Investigación sobre Integración Latinoamericana, Rosario, 1998.Regresar a la nota 4

5. Víctor Bulmer-Thomas, "El Área de Libre Comercio de las Américas", Revista de la CEPAL, número extraordinario, octubre de 1998.Regresar a la nota 5

6. Durval de Noronho Goyos, "Brasil, Mercosul and the FTAA, Legal and Strategic Considerations", UNISA Latin American Report, vol. 13, núm. 1, Pretoria, 1997, p. 6. Regresar a la nota 6

7. Daniel Chudnovsky, "El futuro de la integración hemisférica: el Mercosur y la Iniciativa para las Américas", Desarrollo Económico, vol. 32, núm. 128, enero-marzo de 1993, pp. 504-505.Regresar a la nota 7

8. Ibid., p. 505.Regresar a la nota 8

9. "NAFTA cambia relaciones de poder en América Latina", Revista del Mercosur, núm. 16, pp. 13-16.Regresar a la nota 9

10. Durval de Noronho Goyos, op. cit., p. 6.Regresar a la nota 10

11. Citado en Francisco Rojas Aravena, "El Cono Sur latinoamericano y la Iniciativa para las Américas", Estudios Internacionales, vol. XXVI, núm. 19, enero-marzo de 1993, p. 116.Regresar a nota 11

12. Andrew Hurrell, "Regionalism in the Americas", en Andrew Hurrell y Louise Fawcett (editores), Regionalism in World Politics, Oxford University Press, Oxford, 1995, p. 275.Regresar a la nota 12

13. Carlos Saúl Menen, "Argentina y el NAFTA", en Ney López (editora), El Parlamento Latinoamericano frente al NAFTA, Parlamento Latinoamericano, São Paulo, 1993, pp. 26-27.Regresar a la nota 13

14. Sucesos, agosto de 1998. Versión electrónica: <http://db2.intermedia.com. ar/sucesos/consultas/articulo.html>.Regresar a nota 14

15. Refik Erzan y Alexander Yeats, Free Trade Agreements with the United States: What's in It for Latin America?, Banco Mundial, Washington, 1992.Regresar a nota 15

16. Pedro Da Motta Veiga, "El Mercosur y el proceso de construcción del ALCA", Integración y Comercio, vol. 1, núm. 3, septiembre-diciembre de 1997, p. 16.Regresar a nota 16

17. Rubens Ricupero y Sérgio Amaral, "O NAFTA e o Brasil", Política Externa, vol. 1, núm. 1, junio de 1993, p. 97.Regresar a nota 17

18. Pedro Da Motta Veiga, op. cit., p. 16.Regresar a nota 18

19. Raúl Hinojosa-Ojeda, Jeffrey D. Lewis y Sherman Robinson, "Mercosul e NAFTA: convergência e divergência na integração nas Américas", en João Paulo Dos Reis Velloso (coordinador), Mercosuri & NAFTA. O Brasil e a integração hemisférica, Livraria José Olimpio Editora, Río de Janeiro, 1995, pp. 141-231.Regresar a nota 19

20. José Botafogo Gonçalves, "A integração hemisférica em perspectivas", Boletim de Diplomacia Económica, núms. 20-21, 1996-1997.Versión electrónica: <www.mre.br/getec/WEBGETER/BRE/2021>.Regresar a nota 20

21. Maurice Wolf, "Americas Choice. The Slow Path to Global Trade Cooperation", en Sergio López Alyllón (editor), El futuro del libre comercio en el continente americano. Análisis y perspectivas, UNAM, México, 1997, p. 87.Regresar a nota 21

22. Ibid., p. 87Regresar a nota 22

23. Véase Robert Devlin y Luis Jorge Garay, "De Miami a Cartagena: nueve enseñanzas y nueve desafios del ALCA", Contribuciones, núm. 4, 1997, p. 39.Regresar a nota 23

24. Pedro Da Motta Veiga, p. 11.Regresar a nota 24

25. Guadalupe González y Jorge Chabat, "México's Hemispheric Option in the Post-cold War Era", en Gordon Mace y Jean-Philippe Therien (eds.), Foreing Policy and Regionalism in the Americas, Lynne Rienner, Londres-Boulder, 1996, p. 99.Regresar a nota 25

26. María Cristina Rosas, "Del TLCAN al libre comercio hemisférico: ¿es deseable y posible ampliar el tratado norteamericano de libre comercio a otros países?", Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, vol. XI (quinta época), núm. 161, julio-septiembre de 1995, pp. 89-107.Regresar a nota 26

27. Gustavo Vega Cánovas, "¿Es el TLC un modelo para el resto del hemisferio occidental?, Comercio Exterior, vol. 44, núm. 6, junio de 1994, p. 491.Regresar a nota 27

28. Rosario Green, "O México e os esquemas de liberalização comercial e integração económica no hemisferio", Política Externa, vol. 2, núm. 1, junio de 1993, p. 68.Regresar a nota 28

29. Alberto Pfeifer, "Consideraçoes sobre a estrategia de inserção
hemisférica do México", en J.A. Guilhom Albuquerque y H. Altemani de Oliveira (organizadores), A ALCA o os blocos internacionais, vol. 2, FTD Editorial, São Paulo, 1998.
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30. Jaime Zabludovsky Kupen, "El Acuerdo México-Mercosur: la perspectiva mexicana", en Eduardo Robledo Rincón (coordinador), México-Mercosur: un enfoque desde la relación México-Argentina, Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, Cámara de Comercio Argentino-Mexicana, Embajada de México, Aguila y Sol, Buenos Aires, 1997, pp. 103-110.Regresar a nota 30

31. María Cristina Rosas, "La integración latinoamericana en transición: la difícil cooperación entre los socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y los del Mercado Común del Sur tras la segunda Cumbre de las Américas", documento presentado en la Asociación de Estudios Latinoamericanos, Chicago, septiembre de 1998, p. 7.Regresar a nota 31

32. Emilio Pantoja y James C. Dietz, "L'ALENA, restructurations économiques et industrialisation centré sur l'exportation dans la Caraïbe", Pouvoirs dans la Caraïbe. Revue du Centre de Recherche sur les Pouvoirs Locaux dans la Caraïbe, vol. 8, núm. 9, 1996, pp. 85-97.Regresar a nota 32

33. José Briceño Ruiz, Del mercado común latinoamericano al Área de Libre Comercio de las Américas. Las posibilidades de convergencia entre la integración latinoamericana y caribeña en la era de la globalización, UCV-CVERIG, Papel de Trabajo núm. 005, Caracas, 1998.Regresar a nota 33

34. Andrés Serbin, "ACS: Future of the Region", Caribbean Affaires, vol. 7, núm. 2, mayo-junio de 1994, pp. 10-26.Regresar a nota 34

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